PRÁCTICAS DEL LENGAJE
1ER AÑO “C”- SEXTO ENCUENTRO VIRTUAL
Buena semana para todos.
Esta semana comenzaremos con las temáticas que van en el
año. En este ámbito virtual desarrollaremos: EL CUENTO POLICIAL.
Es
importante que el contenido TEÓRICO lo puedan copiar en la carpeta, al mismo
tiempo que las actividades con las resoluciones.
Las mismas deben ser enviadas por el siguiente medio:
-
El que pueda, y sepa manejar computadora, aquél
que lo quiera mandar en algún archivo de Word sería mejor.
-
Tomar una foto de la hoja con la actividad
(clara y de buena visualización) donde aparezca su nombre, curso, y enviarla al preceptor.
-
Recuerden que estas mismas actividades estarán
en el blog escolar
-
También seguimos usando CLASSROOM. Es práctico
de usar, como así también para corregir.
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Consultas la pueden hacer en cualquier momento,
solo deben esperar a mi respuesta.
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Recordar la fecha del Trabajo Práctico del
libro: 01/06/2020
-
Día de
entrega de las actividades de este encuentro: 18/05/20 INCLUSIVE.
Esa es toda la introducción hasta aquí. Después de la línea
es lo que deben tener en la carpeta.
Buena semana.
El cuento Policial.
Los cuentos policiales se caracterizan por plantear un enigma
al lector, una especie de juego de inteligencia cuyo objetivo final es aclarar
un misterio. Parten de una situación inicial (robo, crimen) para pasar a la
investigación. Esta investigación se basa en el análisis de INDICIOS y la
eliminación paulatina de las sospechas hasta llegar a descubrir el enigma.
El lector (nosotros) también desempeña un rol activo en el
descubrimiento del misterio porque va generando hipótesis que confirman o
desmienten a medida que avanza el relato.
Existen elementos básicos:
-
HECHO: es el enigma. Un asesinato o robo misterioso.
No puede resolverse de cualquier manera, sino, lógicamente, enlazando los
indicios y teniendo en cuenta los hechos.
-
PERSONAJES: la víctima, los sospechosos
(los que tienen un motivo para cometer el delito), el culpable (el autor
del crimen que no deja rastros) y el investigador que no siempre es un
detective.
-
INDICIOS: son los rastros, huellas, pistas que el
investigador capta e interpreta.
-
ESCENARIO: es la escena o lugar del crimen donde el
investigador obtiene datos importantes para resolver el enigma.
Todos los elementos presentes en el relato deben ser verosímiles, creíbles, incluido el
final. Los personajes, escenario, y los hechos deben ser realistas. No importa
tanto el qué (robo, asesinato o
desaparición), sino el cómo se
soluciona el suceso.
Actividad: leer el cuento “El
crimen casi perfecto” y realizar las siguientes actividades
1- Buscar
en el diccionario las siguientes palabras: COARTADA/ FUNESTA/ ADICIONES/
ANAQUEL/SUGESTIONAR/ BRIBÓN/ LINDANTE/ ENGRANADA/ MAGÍN/ SÍNCOPE.
2- ¿Quién
cuenta la historia? ¿A quiénes se refiere cuando dice “nosotros”?
3- ¿Qué
motivos se cree que tenían cada uno de los hermanos para asesinar a la Sra.
Stevens?
4- ¿Cómo
era la Sra. Stevens? ¿Cómo se siente el narrador durante el transcurso del
caso?
5- Escribir
una lista de acciones ocurridas el día del supuesto suicidio. Una lista debe
hacerse una debajo de la otra. Deben estar ordenadas según el orden en el que
sucedieron y si se sabe la hora también colocarla.
El Crimen casi perfecto- Por Roberto Arlt
La coartada de los tres hermanos de la suicida fue
verificada. Ellos no habían mentido. El mayor, Juan, permaneció desde las cinco
de la tarde hasta las doce de la noche (la señora Stevens se suicidó entre
siete y diez de la noche) detenido en una comisaría por su participación
imprudente en una accidente de tránsito. El segundo hermano, Esteban, se
encontraba en el pueblo de Lister desde las seis de la tarde de aquel día hasta
las nueve del siguiente, y, en cuanto al tercero, el doctor Pablo, no se había
apartado ni un momento del laboratorio de análisis de leche de la Erpa Cía.,
donde estaba adjunto a la sección de dosificación de mantecas en las cremas.
Lo más curioso de caso es que aquel día los tres hermanos
almorzaron con la suicida para festejar su cumpleaños, y ella, a su vez, en
ningún momento dejó de traslucir su intención funesta. Comieron todos
alegremente; luego, a las dos de la tarde, los hombres se retiraron.
Sus declaraciones coincidían en un todo con las de la
antigua doméstica que servía hacía muchos años a la señora Stevens. Esta mujer,
que dormía afuera del departamento, a las siete de la tarde se retiró a su
casa. La última orden que recibió de la señora Stevens fue que le enviara por
el portero un diario de la tarde. La criada se marchó; a las siete y diez el
portero le entregó a la señora Stevens el diario pedido y el proceso de acción
que ésta siguió antes de matarse se presume lógicamente así: la propietaria
revisó las adiciones en las libretas donde llevaba anotadas las entradas y
salidas de su contabilidad doméstica, porque las libretas se encontraban sobre
la mesa del comedor con algunos gastos del día subrayados; luego se sirvió un
vaso de agua con whisky, y en esta mezcla arrojó aproximadamente medio gramo de
cianuro de potasio. A continuación se puso a leer el diario, bebió el veneno, y
al sentirse morir trató de ponerse de pie y cayó sobre la alfombra. El
periódico fue hallado entre sus dedos tremendamente contraídos.
Tal era la primera hipótesis que se desprendía del
conjunto de cosas ordenadas pacíficamente en el interior del departamento pero,
como se puede apreciar, este proceso de suicidio está cargado de absurdos
psicológicos. Ninguno de los funcionarios que intervinimos en la investigación
podíamos aceptar congruentemente que la señora Stevens se hubiese suicidado.
Sin embargo, únicamente la Stevens podía haber echado el cianuro en el vaso. El
whisky no contenía veneno. El agua que se agregó al whisky también era pura.
Podía presumirse que el veneno había sido depositado en el fondo o las paredes
de la copa, pero el vaso utilizado por la suicida había sido retirado de un
anaquel donde se hallaba una docena de vasos del mismo estilo; de manera que el
presunto asesino no podía saber se la Stevens iba a utilizar éste o aquél. La
oficina policial de química nos informó que ninguno de los vasos contenía
veneno adherido a sus paredes.
El asunto no era fácil. Las primeras pruebas, pruebas
mecánicas como las llamaba yo, nos inclinaban a aceptar que la viuda se había
quitado la vida por su propia mano, pero la evidencia de que ella estaba
distraída leyendo un periódico cuando la sorprendió la muerte transformaba en
disparatada la prueba mecánica del suicidio.
Tal era la situación técnica del caso cuando yo fui
designado por mis superiores para continuar ocupándome de él. En cuanto a los
informes de nuestro gabinete de análisis, no cabía dudas. Únicamente en el
vaso, donde la señora Stevens había bebido, se encontraba veneno. El agua y el
whisky de las botellas eran completamente inofensivos. Por otra parte, la
declaración del portero era terminante; nadie había visitado a la señora
Stevens después que él le alcanzó el periódico; de manera que si yo, después de
algunas investigaciones superficiales, hubiera cerrado el sumario informando de
un suicidio comprobado, mis superiores no hubiesen podido objetar palabra. Sin
embargo, para mí cerrar el sumario significaba confesarme fracasado. La señora
Stevens había sido asesinada, y había un indicio que lo comprobaba:¿ dónde se
hallaba el envase que contenía el veneno antes de que ella lo arrojara en su
bebida?
Por más que nosotros revisáramos el departamento, no nos
fue posible descubrir la caja, el sobre o el frasco que contuvo el tóxico.
Aquel indicio resultaba extraordinariamente sugestivo. Además había otro: los
hermanos de la muerta eran tres bribones.
Los tres, en menos de diez años, habían despilfarrado los
bienes que heredaron de sus padres. Actualmente sus medios de vida no eran del
todo satisfactorios.
Juan trabajaba como ayudante de un procurador
especializado en divorcios. Su conducta resultó más de una vez sospechosa y
lindante con la presunción de un chantaje. Esteban era corredor de seguros y
había asegurado a su hermana en una gruesa suma a su favor,; en cuanto a Pablo,
trabajaba de veterinario , pero estaba descalificado por la Justicia e
inhabilitado para ejercer su profesión, convicto de haber dopado caballos. Para
no morirse de hambre ingresó en la industria lechera, se ocupaba de los
análisis.
Tales eran los hermanos de la señora Stevens. En cuanto a
ésta, había enviudado tres veces. El día del “suicidio” cumplió 68 años; pero
era una mujer extraordinariamente conservada, gruesa, robusta, enérgica, con el
cabello totalmente renegrido. Podía aspirar a casarse una cuarta vez y manejaba
su casa alegremente y con puño duro. Aficionada a los placeres de la mesa, su
despensa estaba provista de vinos y comestibles, y no cabe duda de que sin
aquel “accidente” la viuda hubiera vivido cien años. Suponer que una mujer de
ese carácter era capaz de suicidarse, es desconocer la naturaleza humana. Su
muerte beneficiaba a cada uno de los tres hermanos con doscientos treinta mil
pesos.
La criada de la muerta era una mujer casi estúpida, y
utilizada por aquélla en las labores groseras de la casa. Ahora estaba
prácticamente aterrorizada al verse engranada en un procedimiento judicial.
El cadáver fue descubierto por el portero y la sirvienta
a las siete de la mañana, hora en que ésta, no pudiendo abrir la puerta porque
las hojas estaban aseguradas por dentro con cadenas de acero, llamó en su
auxilio al encargado de la casa. A las once de la mañana, como creo haber dicho
anteriormente, estaban en nuestro poder los informes del laboratorio de
análisis, a las tres de la tarde abandonaba yo la habitación que quedaba
detenida la sirvienta, con una idea brincando en el magín: ¿y si alguien había
entrado en el departamento de la viuda rompiendo un vidrio de la ventana y colocando
otro después que volcó el veneno en el vaso? Era una fantasía de novela
policial,. pero convenía verificar la hipótesis.
Salí decepcionado del departamento. Mi conjetura era
absolutamente disparatada : la masilla solidificada no revelaba mudanza alguna.
Eché a caminar sin prisa. El “suicidio” de la señora
Stevens me preocupaba (diré una enormidad) no policialmente, sino
deportivamente. Yo estaba en presencia de un asesino sagacísimo, posiblemente
uno de los tres hermanos que había utilizado un recurso simple y complicado,
pero imposible de presumir en la nitidez de aquel vacío.
Absorbido en mis cavilaciones, entré en un café, y tan
identificado estaba en mis conjeturas, que yo
que nunca bebo bebidas alcohólicas, automáticamente pedí un whisky.
¿Cuánto tiempo permaneció el whisky servido frente a mis ojos? No lo sé; pero
de pronto mis ojos vieron el vaso de whisky, la garrafa de agua y un plato con
trozos de hielo. Atónito quedé mirando el conjunto aquel. De pronto una idea
alumbró mi curiosidad, llamé al camarero, le pagué la bebida que no había
tomado, subí apresuradamente a un automóvil y me dirigí a la casa de la
sirvienta. Una hipótesis daba grandes saltos en mi cerebro. Entré en la
habitación donde estaba detenida, me senté frente a ella y le dije:
- Míreme bien y fíjese en lo que me va a contestar: la
señora Stevens, ¿tomaba el whisky con hielo o sin hielo?
-Con hielo, señor.
-¿Dónde compraba el hielo?
- No lo compraba , señor. En casa había una heladera
pequeña que lo fabricaba en pancitos. - Y la criada casi iluminada prosiguió, a
pesar de su estupidez.-
.-Ahora que me acuerdo, la heladera, hasta ayer, que vino
el señor Pablo, estaba descompuesta. Él se encargó de arreglarla en un momento.
Una hora después nos encontrábamos en el departamento de
la suicida el químico de nuestra oficina de análisis, el técnico retiró el agua
que se encontraba en el depósito congelador de la heladera y varios pancitos de
hielo. El químico inició la operación destinada a revelar la presencia del
tóxico, y a los pocos minutos pudo manifestarnos:
- El agua está envenenada y los panes de este hielo están
fabricados con agua envenenada.
Nos miramos jubilosamente. El misterio estaba
desentrañado.
Ahora era un juego reconstruir el crimen. El doctor
Pablo, al reparar el fusible de la heladera (defecto que localizó el técnico)
arrojó en el depósito congelador una cantidad de cianuro disuelto. Después,
ignorante de lo que aguardaba, la señora Stevens preparó un whisky; del
depósito retiró un pancito de hielo (lo cual explicaba que el palto con hielo
disuelto se encontrara sobre la mesa), el cual, al desleírse en el alcohol, lo
envenenó poderosamente debido a su alta concentración. Sin imaginarse que la
muerte la aguardaba en su vicio, la señora Stevens se puso a leer el periódico,
hasta que juzgando el whisky suficientemente enfriado, bebió un sorbo. Los
efectos no se hicieron esperar.
No quedaba sino ir en busca del veterinario. Inútilmente
lo aguardamos en su casa. Ignoraban dónde se encontraba. Del laboratorio donde
trabajaba nos informaron que llegaría a las diez de la noche.
A las once, yo, mi superior y el juez nos presentamos en
el laboratorio de la Erpa. El doctor Pablo, en cuanto nos vio comparecer en
grupo, levantó el brazo como si quisiera anatemizar nuestras investigaciones,
abrió la boca y se desplomó inerte junto a la mesa de mármol. Lo había muerto
de un síncope. En su armario se encontraba un frasco de veneno. Fue el asesino
más ingenioso que conocí.
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